domingo, 7 de febrero de 2010

S21, La maquina roja de matar

No soy muy dado a los documentales y por esta razón creo que es la primera vez que hablo de un documental en uno de mis post. Pues bien, creo que no hay mejor película para inaugurarlo que esta S21.
S21 es el nombre que recibía la principal prisión, centro de tortura y ejecución del régimen Jemer Rojo en la Camboya de los años 1975 al 79. Y precisamente de este edificio es de lo que trata este áspero y duro documental. En él, su director, el camboyano Rithy Panh, realiza una especie de exorcismo personal y nacional (aún hoy éste sigue siendo un tema tabú en Camboya) y trata de ponernos cara a cara con la barbarie, pero al contrario que cualquier documentalista efectista (se me ocurre un Michael Moore, por ejemplo), lo hace sin mostrarnosla en ningún momento.
Tan solo en los dos primeros minutos de la película podemos observar algunas imágenes propagandísticas de archivo que sirven para situarnos históricamente. Después, ya solo nos enfrentará a la realidad de S21 hoy.
Y para ello, Panh nos hace deambular por los pasillos y salas vacíos y gélidos de aquel edificio en el que ya no queda ningún rastro de lo que fue, excepto por las centenares de fotos que envuelven sus paredes. Las fotos de las personas cuyas últimas paredes fueron aquellas.



Y para acompañarnos por ese itinerario, Panh, en un gesto de una audacia descomunal elige por un lado a dos de las pocas decenas de supervivientes de aquel infierno y por otro a algunos de los carceleros que encarcelaron, torturaron y ejecutaron al resto de los compañeros de los primeros.
El director entonces, decide quedarse en un discreto y neutro segundo plano y permite que sean las víctimas, desde sus testimonios los que directamente "entrevisten" a sus verdugos.
Ese enfrentamiento es épico. Frente a la fortaleza moral de la víctima observamos como sus verdugos se deshacen, no son capaces de alzar la mirada y solo pueden argumentar que eran meros "soldados" siguiendo órdenes y que son tan víctimas como los primeros. La recitación de consignas del "partido" por parte de estos últimos, aún 30 años después resultan escalofriantes.
Este proceso lo realiza Panh en dos fases, primero, haciendo que las víctimas describan su calvario apoyados en fotos (terribles) de la época, con la atenta mirada y sepulcral silencio de sus carceleros.


Para a continuación, "obligar" a los propios carceleros a escenificar como eran sus rutinas y sus acciones en la prisión. El carácter fantasmal de sus acciones es desolador cuando observamos a estos carceleros pasear por las hoy vacías salas cuyas paredes fueron testigos de la tragedia.
Y lo que más engrandece la película es que no se erige en juicio sumarísimo, porque aunque parezca mentira, los verdugos también tienen madre, familia e hijos, como el propio cineasta se esfuerza en retratar.
En definitiva, nos encontramos ante una película absolutamente necesaria. Seca, dura, intensa, pero necesaria para que podamos empezar a entender mínimamente la tragedia que allí se produjo. Necesaria para que el olvido no se apodere de ello. Y sobre todo valiente. Primero por poner la cámara a la altura de los ojos tanto de victimas como de verdugos y segundo por dar voz a una tragedia oculta, incluso en su propio país, en el que, en el año de su realización (2003) ni siquiera se habían juzgado a los directores del genocidio (el juicio se produjo en 2008). Su visionado es simplemente indispensable.

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S21, la machine de mort Khmère Rouge (2.003)
Guión y Dirección: Rithy Panh
Fotografía: Prum Mesa y Rithy Panh
Montaje: Isabelle Roudy y Marie Christine Rougerie
Música: Marc Marder
Intervienen: Khieu "Poev" Ches, Yeay Cheu, Nhiem Ein, Houy Him

domingo, 24 de enero de 2010

Luz Silenciosa

Si hay algo que no se le puede echar en cara es que no arriesgue. Si hay algo que le define es que siempre va al limite. De estos dos condimentos, lo único que puede salir es, ni más ni menos, lo que Carlos Reygadas es, un provocador profesional.
Esa provocación tiene dos vertientes. Una es la formal que le lleva a realizar sus películas con una muy depurada guía de estilo en la que predominan el ritmo pausado y una planificación estática que solo se ve rota de cuando en cuando por morosas y largas panorámicas. Si a esto le unimos la utilización sistemática de actores no profesionales con muy poca carga expresiva (al estilo de Bresson) nos dará como resultado unas películas de aspecto árido y ascético. La segunda vertiente, la temática le hace tocar temas muy primarios. Básicamente, el deseo, la sexualidad, el amor o el odio.
Todo ello le ha hecho producir una carrera muy desigual (aunque aún corta hasta la fecha). Como juega al límite, a veces te puede parecer hipnótico y otras simplemente ponerte de los nervios. Dentro de este segundo grupo podríamos meter "Batalla en el Cielo", su anterior trabajo, que se movía desde la provocación más burda y gratuita (la película muestra dos felaciones) a la pretenciosidad pseudo-filosófica más vacía.
Afortunadamente, Luz Silenciosa se encuentra en el primer grupo.



Y es que detrás de Luz Silenciosa se esconde un reto de dimensiones gigantescas. Ni más ni menos que realizar una revisión de Ordet (La Palabra), probablemente la obra cumbre de C. T. Dreyer y también probablemente la obra cumbre del séptimo arte en global.
Si hay algo que sea valorable en esta apuesta es que Reygadas afronta el reto desde la fidelidad a si mismo. Para ello, traslada la acción desde la Dinamarca de principios del XX a una comunidad menonita genuina en pleno México actual. Siguiendo su guía de estilo, la película es protagonizada por miembros auténticos de la comunidad hablando en su idioma materno (alemán) y con un desapego tal a las palabras (pocas) que pronuncian que le da un toque gélido a la narración. Además, la película cuenta con una planificación minuciosa que a la vez es fiel al estilo de Reygadas y deudora de la maestría de Dreyer. De esta manera el resultado es una película gélidamente intensa, con una belleza muy dificil de superar y que desde la contemplación de situaciones a priori cotidianas nos logra reflejar el día a día de esta comunidad y el conflicto interior de su protagonista con algunos momentos memorables como la escena bajo la lluvia.



Desde el punto de vista de la narración, el otro gran acierto del film es la traslación del conflicto. Mientras que en Ordet el amor era incontestable y el verdadero conflicto es de Fe, en esta nueva revisión el conflicto es justo el contrario. La Fe se da por descontada dentro de la rutina diaria, lo que realmente genera el conflicto y finalmente el milagro es el amor. Además, todo dentro de una contención que se adapta perfectamente al entorno y que, proviniendo de Reygadas se convierte en doblemente valorable.
En definitiva, una película que desde luego no es apta para todos los paladares y que requiere de una paciencia y concentración por encima de la media. Sin embargo, si se le logra dar la oportunidad consigue momentos de una belleza e intensidad fuera de lo común. Una película hermosa.

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Stellet Licht (2.007)
Guión y Dirección: Carlos Reygadas
Fotografía: Alexis Zabe
Montaje: Natalia López
Dirección artística: Nohemi Gonzalez
Interpretes: Cornelio Wall, Maria Pankratz, Miriam Toews, Peter Wall

lunes, 4 de enero de 2010

El curioso caso de Benjamin Button

Desde su aparición fulgurante en Seven (su primera película fue Alien 3, que se puede considerar como fallida), David Fincher se encuentra en ese grupo de directores "jóvenes" (ya no tan jovenes) americanos a los que merece la pena seguir (como P.T. Anderson o Cristopher Nolan). Su carrera ha ido evolucionando desde unos comienzos en los que la estética era lo más deslumbrante hacia películas mucho más ambiciosas y complejas tanto temática como formalmente. Este camino se ha completado sobre todo en sus dos últimos films, Zodiac y este Curioso caso de Benjamin Button.
Creo que a la hora de analizar ésta última, es interesante ponerla en relación con su anterior film ya que creo que completan un díptico lleno de resonancias e interrelaciones.
La historia de Button, a primera vista puede parecer una de esas películas "Bigger than life" a los que tan aficionado nos tiene Hollywood. El hecho de compartir guionista con Forrest Gump, tampoco ayuda mucho. Sin embargo, y en palabras del propio Fincher, mientras que aquellas suelen contar eventos extraordinarios protagonizados por personas vulgares, en la historia de Benjamin Button, lo que nos encontramos es a una persona extraordinaria realizando eventos cotidianos. Ese es probablemente el primer giro interesante. Desde luego, el que espere grandes y espectaculares aventuras es posible que se sienta defraudado. Aquí lo que vivimos es el despertar a la vida de una persona y no aventuras épicas.



El principal punto de conexión entre esta película y el anterior trabajo de Fincher (Zodiac) es la obsesión por el tiempo. Este tema llena ambas películas. En ambos casos se narran historias desarrolladas a lo largo de muchos años. Ese paso del tiempo y como influye éste a los protagonistas es la idea central de ambas películas. Sin embargo, la gran diferencia entre ambas es como afrontas sus personajes dicho tema.
Mientras que en Zodiac observábamos a un personaje atrapado en el pasado, incapaz de pasar página y obsesionado para siempre en lo que pasó y le pasó, Benjamin Button es un personaje abocado al presente. Porqué en la historia de su vida y en la historia de su amor, el éxito solo puede verse cumplido en un instante fugaz, cuando el y su amada se cruzan en su envejecimiento/rejuvenecimiento simétrico. Eso empuja al personaje a comerse el presente, a vivirlo intensamente y eso es precisamente, lo que convierte en mágica su historia de amor. Es como observar un cometa o una estrella fugaz. Sabes que es efimera, que es imposible atrapar su luz, pero eso no evita observar su belleza.
En ese contexto, las simetrías entre ambos films, los enriquecen. Sobre todo, porque en ambos casos, les lleva al fracaso amoroso. Uno, por no saber mirar hacia delante y otro, por llevar su obsesión por el presente hasta el punto de no dejarle avanzar.


Y alrededor de ese momento fugaz, leitmotiv de la historia, nos queda solo el aprendizaje del antes sobre el poder del "ahora" y la confusión del después en el que se siente abrumado por su propia naturaleza.
En definitiva, una película que introduce una reflexión muy hermosa sobre el amor y que técnicamente es sobresaliente, sin estridencias y con una sobriedad muy madura. Parece claro que definitivamente, David Fincher se ha hecho mayor.

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The curious case of Benjamin Button (2.008)
Dirección: David Fincher
Guión: Eric Roth
Fotografía: Claudio Miranda
Montaje: Kirk Baxter y Angus Wall
Música: Alexandre Desplat
Interpretes: Brad Pitt, Cate Banchett, Julia Ormond, Faune A. Chambers

sábado, 26 de diciembre de 2009

L.A. - Heavenly Hell

Si en la primera mitad del 2009, Love of Lesbian y Havalina se disputaban el título de "Mejor disco español del año", en esta segunda mitad del año, L.A. y su Heavenly Hell ha brillado con luz propia.
Detras de L.A. se encuentra un proyecto liderado por Luis Albert Segura que, tras autoproducirse sus primeros tres álbums, ha conseguido un contrato con una grande (Universal) para lanzar por todo lo alto lo que supone su debut ante el gran público (entre los que me incluyo).
La palabra que mejor podría definir Heavenly Hell es "luminoso". Este álbum emite luz a raudales desde su fulgurante comienzo, con la pegadiza y expansiva Crystal Clear una pequeña gran gema de pop.



Y a partir de ahí se despliega a través de otras diez maravillas pop con claros referentes británicos, desde los Beatles a Travis, pasando por Oasis. Canciones más marchosas (la funky "Evening Love" o la más rockera "Heavenly Hell"), otras más amables como "Perfect Combination" o "Close to you". Si bien, donde mejor se faja el álbum es en los temas más intimos y melancólicos. Ahí es donde el disco rebosa más ambición, con unos arreglos preciosos y con unas melodías que nos pueden recordar al mejor Sting ("Elizabeth") o a los más grandilocuentes y románticos Oasis, con la estupenda "The Sweetest Goodbye" y la imprescindible "Stop the clocks", probablemente el punto más alto de todo el disco.



En definitiva, un disco 100% accesible, directo y sencillo que respira positivismo y buen rollo. Este Heavenly Hell va directo al podium de lo mejor que se ha hecho en España en este 2009 que se acaba. Imprescindible para alegrarse una tarde gris.
Para el final os dejo el divertido video de su primer single, la estupenda "Hands"



domingo, 20 de diciembre de 2009

Los Abrazos Rotos

Son pocas las películas de Pedro Almodóvar que realmente me llenen. Las hay graciosas, otras trascendentes o incluso algunas aburridas, pero realmente casi siempre me dejan una sensación agridulce. Realmente solo dos me habían parecido realmente redondas (La Flor de mi secreto y, sobre todo, Hable con ella). Pues bien, probablemente Los abrazos Rotos pueda ser la tercera.

El primer elemento curioso en esto es que Almodóvar me parece muchísimo más interesante cuando hace lo que no suele, esto es, hablar de hombres.
Una de las cosas que menos me gustan del director manchego es su "folclorismo" excéntrico que, por algún designio, cuando la historia pasa a ser contada desde la perspectiva de un hombre, desaparece. Celebremos, pues, que Los Abrazos Rotos esta contada desde la perspectiva de un director de cine que, obviamente, todos imaginamos el alter ego del director real.
Otro punto importante es que Los Abrazos Rotos, como casi todas las grandes películas de Almodóvar es una película sobre la obsesión de un hombre por una mujer. Si bien en este caso, la obsesión se multiplica por dos (Lluis Homar y José Luis Gómez).


El segundo elemento curioso y destacable es que parece haber encontrado el director el objeto de deseo a su medida, Penélope Cruz. En ninguna otra película esta tan bien como en las del manchego. En ninguna otra película está más radiante y hermosa que en Los Abrazos Rotos. Penélope borda un difícil personaje (por las imprecisiones del guión) y sobre todo, deslumbra por su presencia y belleza. Los últimos minutos de la película, como protagonista de "Chicas y maletas" consiguen resucitar de entre los muertos a la mismísima Audrey Hepburn. Simplemente, está deslumbrante.


Menos creíble tal vez es el triángulo amoroso que forma con Homar y Gómez. A pesar del enorme talento y esfuerzo de ambos, realmente falta una química que podría haber lanzado la película hasta el infinito. En todo caso, esa pequeña cojera se compensa con un, como siempre, deslumbrante y brillante reparto (impecables Blanca Portillo o Lola Dueñas por ejemplo). Es lo que tiene llamarse Pedro Almodovar, que todos y todas quieren trabajar contigo.
Con todo ello queda una misteriosa y magnética película que consigue algunos momentos de una gran cinefilia y una extrema belleza. A destacar Las resonancias con la escena en Pompeya de la Bergman en la maravillosa "Te querré siempre" (y que el propio Almodóvar se ha molestado en enseñarnos minutos antes) con el poético y hermoso plano de Homar acariciando la pantalla de una televisión que le enfrenta a una imagen congelada del pasado. En él se resume la película, en el se resume, la obsesión, el deseo y el dolor que encierra.
En definitiva, probablemente la mejor película de Almodóvar junto a Hable con ella. Con todas sus virtudes, la potencia visual, el retrato de la pasión y el deseo, la brillante dirección de actores. Y todos sus defectos, como cierto esteticismo "arty" o cierta blandura en las historias periféricas.
En todo caso, Pedro sigue estando a años luz de la media del cine español, te guste o no. Por riesgo, por poderío visual y sobre todo, porque, como los grandes directores, tiene un universo própio e instransferible que es reconocible en cada plano de sus películas. Así que, si hay que ver una película española, Los Abrazos Rotos no es una mala opción.

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Los Abrazos Rotos (2.009)
Guión y Dirección: Pedro Almodovar
Fotografía: Rodrigo Prieto
Montaje: José Salcedo
Música: Alberto Iglesias
Interpretes: Penélope Cruz, Lluís Homar, Blanca Portillo, José Luis Gómez

sábado, 21 de noviembre de 2009

The Presets, Midnight Juggernauts y Simian Mobile Disco

Dentro de la música de baile, el "Electro" se encuentra a medio camino entre la elegancia del "House" y la contundencia del "Techno". Si a eso le unimos cierto toque "revival" de los sonidos y arreglos que recuerda a la música de los ochenta, pues todo ello la convierte en mi música favorita para bailar (a escondidas siempre ;)). Así que hoy toca una de electro.
Y lo hace con tres de las bandas que más ganas de bailar me dan en los últimos tiempos. Cada uno desde una perspectiva distinta que les hacen abordar su propia visión personal de la música de baile y que también permite dar una panorámica amplia de lo que puede ofrecer el universo de la electrónica.

Desde Australia, The Presets y su estupendo álbum "Apocalypso" nos ofrecen su visión más festiva y accesible. Este álbum ofrece una colección perfecta de temas pop. Sus influencias son variadas y se pueden detectar resonancias desde Joy Division (Eucalyptus) o Daft Punk (Talk like that) hasta Orbital (la magnifica Aenons). Las canciones oscilan entre el pop más facilón hasta canciones más desnudas y pensadas para romper las pistas de baile con auténticos temazos como Kicking and Screaming y la indispensable This boys in love que teneis ahí abajo.





También desde Australia llegan Midnight Juggernauts con su, hasta la fecha, único disco Dystropia. En el caso de los Juggernauts, ellos llegan al electro desde el rock. Sus influencias en este caso se puede rastrear en Manchester en grupos como New Order y Primal Scream. Por ello, su música esta plagada de psicodelia, guitarras y sus melodías están más cerca del pop que de las pistas de baile con incluso alguna balada (Dystropia). Si bien sus momentos culminantes llegan cuando se dejan llevar y nos invitan a mover el cuerpo como en estupendas canciones como Into the Galaxy, Tombstone (donde también se nota el influjo de Daft Punk, uno de los grandes referentes de la música de baile actual), Nine Lives y la irresistible Road to Recovery.





Para el final, los más duros del lugar y también los únicos no australianos de la terna. Simian Mobile Disco es un dueto inglés que en dos años y con su álbum de debut "Attack Decay Sustain Release" (hace unos meses que editaron el segundo) han conseguido hacerse un hueco destacado en la escena musical mundial, donde realizan remezclas a artistas tan relevantes como Bjork, Muse o Air. Su música en muchos momentos esta más cercana al techno y siempre esta recubierta por una película de contundencia y crudeza pero sin abandonar los matices del electro.
Todo comenzó con el tema Hustler, que no solo arrasó en las pistas, si no que escandalizó con su video de contenido lésbico. Después llegaría su consagración con auténticos "llenapistas" como It's the Beat y Sleep Deprivation.
Abajo os dejo la primera muestra de su segundo álbum.


lunes, 9 de noviembre de 2009

Gran Torino

Es sorprendente como ahora que Clint Eastwood esta rondando los ochenta años se encuentre en, probablemente, su periodo más prolífico como director con once películas en los últimos once años. Este periodo comenzó tras el punto y aparte que supuso la realización de "Los Puentes de Madison" (1995) con la que culminaba probablemente la trilogía que ha marcado su carrera y que se encuentra entre las grandes obras cinematográficas de la última década del siglo XX (junto con "Un Mundo Perfecto" y la imprescindible obra maestra "Sin Perdón").
Tras esas tres películas, de una hondura tremenda, Eastwood se embarco en una vorágine que le ha llevado a dirigir prácticamente una (o incluso dos) películas por año. Eso ha provocado que la calidad media de su cine haya bajado ya que ha enlazado desde películas más o menos rutinarias y convencionales (Ejecución Inminente, Poder Absoluto o El Intercambio) a otras mucho más graves y considerables (Mystic River o Cartas desde Iwo Jima). Eso si, en todo caso, siempre con un sello de calidad mínima garantizada made in Eastwood.
Pues bien, Gran Torino podría considerarse dentro de las del segundo grupo. Realmente, frente a lo que podría parecernos una película "simpática" y tópica de un viejo cascarrabias y de su relación con un adolescente al que le enseña "lo que es la vida", lo que nos encontramos es una película con resonancias y reflexiones que van mucho más allá.



Esas resonancias parten del personaje que se ha reservado para sí mismo Eastwood, Walt Kowalski. Cuando uno observa a este viudo que está de vuelta de todo y que se ha dejado invadir por la apatía y el rencor es inevitable y obvio pensar en toda la galería de "tipos duros" que el propio Eastwood se ha encargado de interpretar en los últimos 40 años. Uraños, antipaticos, poco religiosos, de pocas palabras, hombres meramente de acción. Y uno acaba pensando en como todos esos personajes, desde Harry Callahan (Harry el Sucio) a Bill Munny (Sin Perdón) pasando por el Sargento Highway (El Sargento de Hierro) se ven reflejados de alguna manera en la decrepitud de Kowalski. En el fondo la película trata de ver que ocurriría con todos ellos en una sociedad actual que ya no es la suya y en la que se ven reducidos a ser unos simples inadaptados que no entienden lo que les pasa a su alrededor y en donde, sus viejos métodos, simplemente ya no sirven. No en vano, Eastwood director se encarga de retratar al Eastwood interprete en diversos pasajes de la película desde lo alto mostrándonos a un personaje no ya solo envejecido, si no empequeñecido ante lo que le sucede.
Pero como, a pesar de todo, no deja de ser la sombra de esos héroes, es inevitable que exista la vía de la redención para él. Y en este caso se produce a través del recurso clásico del pupilo que aquí se encarna en un joven adolescente coreano que vive casi tan inadaptado como él en la casa de al lado. Pero, eso si, con un giro de tuerca que hace que ese proceso de aprendizaje sea bidireccional. Porque tanto va a aprender uno como él otro de esa relación que se establece.



Y la gran enseñanza que Kowalski aprende es que, sus maneras ya no sirven. Ahora hace falta algo más para sobrevivir y "hacer justicia". Y por ello se hace necesario un desenlace en el que el personaje de Eastwood se esfuerza en conseguir que la historia no se repita. Como si hubiera entendido que la mejor lección que le puede dar a su pupilo es, simplemente, que no sea como él ha sido. Porqué en esta sociedad globalizada en la que vivimos, la intransigencia y los "viejos valores" ya no sirven y solo se curan con grandes dosis de tolerancia.
En definitiva, una película crepuscular en la que Eastwood parece escribir su testamento fílmico y en donde, más que en ninguna otra, su aparente inexpresividad cobra más significado y sentimiento y cuyo emocionante final se culmina con una no menos emocionante canción cuyos primeros versos se encarga de cantar el propio director con su voz rota.
Viejas nostalgias encerradas en una nueva esperanza.


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Gran Torino (2.008)
Dirección: Clint Eastwood
Guión: Nick Schenk
Fotografía: Tom Stern
Montaje: Joel Cox y Gary Roach
Música: Kyle Eastwood y Michael Stevens
Interpretes: Clint Eastwood, Christopher Carley, Bee Vang, Ahney Her

domingo, 1 de noviembre de 2009

El Secreto de Sus Ojos

Resulta curioso que, precisamente, cuando hace apenas unas semanas hablaba por aquí sobre las cenizas de aquel boom del cine argentino en España vaya a comentar una película del director que fuera punta de lanza de aquello (obra suya eran El Hijo de la Novia y El Mismo amor, La Misma Lluvia), Juan José Campanella. Así, a modo de pequeña retractación, resulta que existe vida después de aquello.
Y es que El Secreto de Sus Ojos, la última de Campanella, es una película muy buena. Cuando uno se enfrenta a hablar de una película tan llena de virtudes (y algún que otro defecto) como El Secreto de sus Ojos no resulta fácil hacerlo.
Se podría hacer referencia a un solido guión que mezcla de una manera muy eficaz la intriga de un thriller policíaco con una bonita historia de amor imposible. También se podría hablar de la increible brillantez técnica que el director impregna en toda la película. Con un domimio extraordinario del ritmo y del fuera de campo. Esa brillantez tiene su culmen en la escena del Estadio que está a la altura de los más grandes del plano secuencia y la virguería técnica en general (Scorsese o De Palma por ejemplo). Podríamos referir la bien administradas que están las pildoras de humor (con un Francella enorme). En fin, todo eso podríamos decir y sin embargo nos olvidaríamos de lo más importante. Y es que lo que hace especial a El Secreto de Sus Ojos es la emoción. Y es que simplemente, esta peli, emociona.
Y es que es muy dificil no emocionarse antes las dos historias de amor imposible a las que asistimos. En primer lugar, porqué están increiblemente bien interpretadas en todos sus vértices y luego porque están apoyadas en la deslumbrante química que destila la pareja encarnada por Ricardo Darín y Soledad Villamil.


Y es que cuando los ves a los dos juntos en pantalla, simplemente... funciona. Realmente asistimos a una historia mil veces vista, pero da igual, porque cuando Soledad Villamil mira a Darín en pantalla, todo se desvanece y nada más importa.
Y también es muy bonito el juego de resonancias que la película crea entre Darín y el personaje interpretado por Pablo Rago (Morales). Como uno a otro se retroalimentan en sus obsesiones y en su lucha por lo imposible, como ambos parecen resignarse, como la persistencia de uno hace persistir al otro y como el "triunfo" de uno reactiva la necesidad de conquista del otro. En ese juego de espejos se cimenta lo más jugoso de la pelicula.


Y como de química en esta película andan sobrados, pues también la destila a raudales Darin con su otro partener en su extraño triangulo "amoroso", Guillermo Francella. La comicidad de sus momentos juntos sirven para compensar la enorme tensión de otros, dotando a la película de un control y de un equilibrio interno portentoso. Te intriga, te interesa, te divierte y te fascina a partes iguales.
Realmente el secreto de la película es que se trata de una pelicula que habla de perdedores. Pero de perdedores en derrotas en las que todos hemos caido, quizás por eso es por lo que llega tan hondo. Una pena que a Campanella al final le diera miedo llevar esta derrota hasta el final (lo cual hubiera dotado de una poética adicional muy notable a la película) y al final se enrede en un final impostado que permita a todos irnos tranquilos y contentos a casa.
Pero que este pecado final no sirva para oscurecer una gran película.

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El secreto de sus ojos (2.009)
Dirección: Juan José Campanella
Guión: Eduardo Sacheri y Juan José Campanella
Fotografía: Felix Monti
Montaje: Juan José Campanella
Música: Federico Jusid y Emilio Kauderer
Interpretes: Ricardo Darín, Soledad Villamil, Guillermo Francella, Pablo Rago