domingo, 3 de enero de 2016

Festival Márgenes 2015

Aquí abajo tenéis mi colaboración con la Revista Magnolia reseñando una de las peliculas de la sección oficial del Festival Margenes de este año.

Festival Márgenes en la Revista Magnolia

jueves, 2 de julio de 2015

De cómo caminar hacia muchos lugares y acabar en el mismo sitio

En estos días, se está celebrando en Filmin el Festival Online Atlantida Film Fest que nos trae algunas de las mejores películas del último año que no han conseguido abrirse hueco en la cartelera española. La revista Magnolia está haciendo una detallada cobertura tanto de la sección oficial como de la Sección Atlas de perlas de otros festivales. Como parte de esa cobertura podéis encontrar mi crítica de una de las peliculas de la sección oficial: Taller Capuchoc de Carlo Padial. Pinchad el link para leerla:

Taller Capuchoc en Atlantida Film Fest

sábado, 27 de diciembre de 2014

La soledad y el recuerdo

Otro año más, estupenda crónica del Festival Margenes en la Revista Magnolia, y de nuevo me brindan la posibilidad de colaborar junto con una nómina de estupendos críticos y amigos con la reseña de la enigmática película "Los Ausentes".

Festival Margenes 2014

sábado, 15 de noviembre de 2014

Todo por un sueño


En el número de Noviembre-Diciembre de la revista Magnolia se publica un dossier sobre la filmografía de los Hermanos Dardenne con motivo del estreno de Dos días, una noche. Allí podéis encontrar mi colaboración en él con la reseña de su película emblema Rosetta, Todo por un sueño.

Filmografía de los Hermanos Dardenne en la Revista Magnolia

martes, 11 de noviembre de 2014

Un viaje a la Oscuridad

La verdad es que cuando uno se enfrenta al cine que realiza Carlos Vermut, la mayoría de las herramientas que un crítico suele utilizar para diseccionar su trabajo quedan inutilizadas de un plumazo. Y es que, si una palabra define sus películas es la de singular. No hay nada que se le parezca ni nada que le preceda. Nos encontramos ante un francotirador que parece haber nacido por generación espontánea en el páramo que ha solido ser el cine español. Es verdad, que esta afirmación podría ser rebatida ahora que parece que la mirada del espectador se ha abierto hacia los márgenes de la industria. Pero lo cierto es que mientas que en los Serra, Laxe, Lopez Carrasco o Duque se puede trazar flujos de confluencia con cierta vanguardia cinematográfica internacional, Vermut se nos aparece como una rara avis.



Obviamente, su singularidad hay que entenderla desde el punto de vista post-moderno del término. Hay decenas de referencias que pueden ser rastreadas en sus dos películas. Mucho se ha hablado de Tarantino debido a sus largos y brillantes diálogos y sus estructuras episódicas. Pero esa es solo la punta del iceberg. Vermut, como buen post-moderno, se encuentra ante la imposibilidad del relato virgen y su arte está impregnado de cientos de referentes triturados y regurgitados en una combinación tan única que todo pareciera nuevo y a estrenar. Su batidora se nutre de obras, momentos, fogonazos e ideas de personajes tan dispares como David Lynch, Ingmar Bergman o Luis Buñuel.

De todos ellos recoge el amor por el extrañamiento, su disección de la sociedad donde viven a partir de relatos que pudieran parecer a primera vista costumbristas y anodinos, y, sobre todo, una atracción magnética e hipnótica por la oscuridad. Porque Carlos Vermut no se parece a Tarantino, es su reverso tenebroso. Donde en el director de Tennessee todo es hedonismo y ejercicios lúdicos, en el madrileño es tortuoso, ambiguo, árido, áspero y retorcido. Si hay algo que hace únicas las películas de Vermut en el contexto del cine español es esa capacidad para explorar las partes más oscuras y escondidas del alma humana. En sus películas siempre vemos a personas aspirando a hacer lo mejor, lo correcto, para acabar cayendo por el camino en lo más bajo e instintivo. Por eso, más que Pulp Fiction, lo que resuena en su cine es Carretera Perdida, con la que rima de manera potente en todas las escenas de la casa del “lagarto negro” (y los sendos “striptease” de sus protagonistas).


Y es precisamente en esa mansión de Magical girl donde aflora la segunda característica singular de Vermut y es su adicción por la elipsis y el fuera de campo. Aunque la segunda es una película mucho más “tradicional” y construida que el puzzle que formaba la primera, en las dos casi todo lo más relevante de sus historias ocurre fuera de cámara. Como el secuestro de la niña de Diamond Flash o la entrada por la puerta del lagarto negro de Magical girl. Esas elipsis saben hacer de, quizás, la mayor limitación de ambas películas (el bajo presupuesto) su mayor virtud. Porque no hay nada más atroz que nuestra imaginación ni nada más aterrador que observar a Barbara Lennie cruzar las cortinas tras la puerta.  
Y todo esto, además, aderezado con una conciencia social que sirve de telón de fondo. A pesar de que parezca caer en el cine de género, la crisis enmarca sus historias. Quizás el mayor logro obtenido por este nuevo cine español es la de afrontar nuestra realidad desde una perspectiva que se aleja del cartón piedra del modelo León de Aranoa. Esta nueva hornada busca retorcer las conciencias desde el extrañamiento y el desconcierto. Como lo hacía Canibal, La Herida, Gente en sitios o ese enigma que es Magical Girl.

En definitiva, un director en fase de construcción (observable entre su primer y segundo largo) que ha sido capaz de dibujar, con apenas dos obras un mundo propio con sus propias reglas de representación. ¿Cuántos directores con Goyas en sus vitrinas pueden decir eso de ellos mismos?  



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Diamond Flash (2.011)
Guión y Dirección: Carlos Vermut
Fotografía y montaje: Carlos Vermut
Interpretes: Eva Llorach, Klaus, Victoria Radonic, Ángela Villar, Teresa Soria, Rocío Leon


Magical Girl (2.014)
Guión y Dirección: Carlos Vermut
Fotografía: Santiago Racaj
montaje: Emma Tusell
Interpretes: Luis Bermejo, Bárbara Lennie, Jose Sacristán, Israel Elejalde

viernes, 26 de septiembre de 2014

Sobre el desconcierto

Durante las dos primeras semanas de Septiembre, la asociación DOCMA organizó un ciclo de películas políticas y militantes realizadas durante los últimos cuarenta años en España. Aquí os dejo la crónica del ciclo que he preparado para la Revista Magnolia:

40 años no es nada. Reflejos y derivas del cine militante español contemporáneo

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Imprimiendo la leyenda

Aquí podeis encontrar mi granito de arena al estupendo dossier que ha publicado la revista Magnolia repasando la filmografía de Richard Linklater. En este caso, la reseña de Me and Orson Welles.

Filmografía de Richard Linklater en Revista Magnolia

jueves, 28 de agosto de 2014

Luz contra oscuridad

True Detective es, sin duda, la serie televisiva sobre la que más ríos de tinta se han vertido en los últimos doce meses. Y eso no es una cota despreciable, teniendo en cuenta que estamos hablando de los doce meses en los que hemos podido ver el final de Breaking Bad. La razón de este triunfo es simple. Nos encontramos ante, posiblemente, la serie más ambiciosa y, en muchos sentidos, compleja que jamás se ha realizado para la televisión. El mero concepto de la serie, con un único escritor (Pizzolatto) y un único director (Fukunaga), ha permitido no solo un nivel de cohesión inaudito a sus episodios, sino también que sus autores puedan crear una trama con una riqueza de referencias absolutamente abrumadora. Buscando un poco, se pueden encontrar cientos de artículos que desmenuzan la serie ahondando en cada aspecto de ella (al final del post se pueden encontrar un par de estupendos y muy recomendables links). Su trama de noir sureño que bebe del gótico americano, de R. W. Chambers a H. P. Lovecraft, su carga filosófica que va del existencialismo Nietzscheano al cinismo de Cioran, o una estética que bebe de El Bosco o Bacon y llega hasta las fotografías de la America petroquímica de Richard Misrach. Y a todo eso se podíamos seguir añadiendo: Faulkner, Zodiac, Twin Peaks, Burke… Una lista sin fin que nos coloca ante la serie más complejamente rica de la historia de la televisión.   


Sin embargo, lo que realmente atrapa (me atrapa) de esta serie no es su apabullante plano intelectual sino la capacidad que tiene de emocionar a pesar de ello, no dejando que ese intelecto encorsete la historia y sus personajes. Porque al final y a pesar de todo, True Detective no deja de ser la historia de un tipo (Rust/McConaughey) condenado a vivir en la oscuridad y su lucha por encontrar un pequeño halo de luz dentro del mundo más sórdido que alguien se pueda imaginar. Y lo que realmente hace avanzar su trama es su contraste con ese americano modelo que encarna su compañero (Martin/Harrelson). Durante sus destilados ocho episodios vamos a ver al mismo tiempo por un lado como Rust, ese misántropo nihilista, un hombre brillante que está condenado a la marginalidad simplemente por haber nacido en el lugar equivocado, será capaz de encontrar esa brizna de esperanza a través de una obsesión que le comerá el alma y el cuerpo. Por otro veremos a Martin, una fachada modelo rellena de podredumbre que encontrará en la obsesión de Rust su vía final de redención.
Lo que de verdad hace grande a True Detective es la (aparente) oscuridad de McConaughey, su cinismo y amargura en medio del infierno del “White trash” de la America profunda en el que él es el inadaptado, frente a la (aparente) luz de la mediocridad de Martin, que le permite cumplir un papel de modelo en la comunidad. Y como, en cada episodio, ese claroscuro se difumina y la penumbra acaba cubriéndolo todo hasta que a ambos no les queda otra que aliarse para, unidos por una obsesión, ser capaces de encontrar esa pequeña y diminuta flor que a pesar de todo es capaz de crecer en medio del estiércol.
La escena final, probablemente los seis minutos más intensos que puedo recordar, es muy esclarecedora en ese sentido. De nuevo, mucho se ha hablado sobre ella utilizando la palabra Fe. Sin embargo, me temo que la palabra correcta que debiera utilizarse es esperanza. Porque de eso trata True Detective, de lo mucho que duele mantenerla viva y seguir creyendo en la luz mientras estamos en medio de la más oscura de las noches. 


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True Detective - Temporada 1 (2.014)
Dirección: Cary Fukunaga
Guión: Nic Pizzolatto
Fotografía: Adam Arkapaw
Montaje: Alex Hall, Affonso Gonçalves, Meg Reticker
Música: T Bone Burnett
Interpretes: Matthew McConaughey, Woody Harrelson, Michelle Monaghan, Michael Potts